Cada martes, los voluntarios de Séforis, el proyecto desarrollado por la Familia Vicenciana para acompañar a personas sin hogar, escuchaban sus historias de vida con un té caliente, abrazos y palabras de ánimo en su búsqueda de trabajo.
Murió el 10 de junio de forma silenciosa, como era ella; había pedido compañía en sus últimas horas porque tenía miedo, y ahí estuvo el equipo de voluntarios, que dejaron sus obligaciones de lado para sostener su mano.
Personas sin hogar, una realidad en aumento y la respuesta del voluntariado
En España hay cerca de 30.000 personas sin hogar. Los datos del Instituto Nacional de Estadística muestran un crecimiento de esta realidad, que en Madrid golpea a más de 4.000 personas. La esperanza de vida de una persona que vive en la calle es 20 años menor respecto al del resto de la población. Estas personas presentan hasta 50 veces más problemas de salud.
Hay muchas Irinas necesitadas de calor humano, protección y escucha, Invisibles para la sociedad, buscan quien las escuche, sienten miedo y necesitan de alguien que reaccione a su vulnerabilidad.
De ahí la importancia del proyecto Séforis, que apuesta por el amor al prójimo, por el respeto de la persona y su bienestar emocional. Los voluntarios que salen cada noche de ruta por las calles de Madrid lo hacen posible, incluso cuando llueve, hace frío o calor de 40º a la sombra. Las personas sin hogar esperan un encuentro que no siempre es fácil, pero el compromiso fortalece un vínculo sano y sincero.
Trabajar el duelo desde el voluntariado
La tristeza de perder a un ser querido golpea a las personas voluntarias cuando ocurre algo como lo que han vivido los voluntarios de Séforis. Por eso, es tan importante abordar el duelo por la ruptura repentina del vínculo generado.
“La pérdida nos deja un vacío difícil de superar”, dice Juncal, integradora social de la Sociedad de San Vicente de Paúl, y que coordina el nuevo proyecto de Acompañamiento en Duelo.
Juncal pone en alza la necesidad de empatía y comprensión para todo el equipo de voluntarios que compartió vida con Irina y le sostuvo la mano hasta el último momento.
“Es necesario sacar ese dolor, poner nombre a las emociones y llorarlo. Es la manera más sana de recordarla con cariño y seguir al frente de este maravilloso proyecto”.