Espiritualidad


 

 
De Vicente a Federico pasando…por el CELO por la salvación de las almas
Padre Mitxel Olabuénaga C.M.
Asesor Religioso Nacional
 
EMPEZANDO con Vicente
En el momento en que el joven Vicente vuelve de Périgueux, todavía está más preocupado de su futuro y de su carrera en la Iglesia que de la extensión del Reinado de Dios. Sin embargo, el año 1617 descubre rasgos de la pobreza espiritual y material, cuyo recuerdo no se le borrará ya más. El Sr. Vicente empieza entonces a dedicarse a la evangelización de las aldeas de la región parisina.

El fuego que algunos pobres han encendido en su corazón se va a difundir en su vida y a prender alrededor de él como un incendio: él quisiera “extender ese fuego divino por todo el mundo”. Por eso, le pone furioso ver, en las ciudades, tantos religiosos

inútiles, disfrutando de una ociosidad consagrada. Comunica el celo, que en adelante le devora, a sus compañeros de apostolado. Y este celo misionero continuará animándolos a lo largo de los siglos, y los llevará a los primeros puestos del combate apostólico.

En la conferencia del 22 de agosto de 1659 sobre las cinco virtudes fundamentales del misionero, san Vicente decía acerca del celo: “¿Hay en el mundo algo más perfecto? Si el amor de Dios es un fuego, el celo es la llama; si
el amor es un sol, el celo es su rayo. El celo es lo más puro que hay en el amor de Dios”.  De este texto se pueden ya deducir dos evidencias: la primera: que en “la jerarquía Vicenciana”, el celo ocupa un lugar muy preferente. La segunda: que san Vicente es, como siempre, concreto y si compara el celo y la llama al rayo de sol, así llega sin tardar a una definición más “práctica”: el ardor en el trabajo.

Algunos textos nos muestran esta realidad:

“Bien, pongámonos de corazón en las manos de Dios, trabajemos, trabajemos, vayamos a asistir a las pobres gentes del campo que nos están esperando”.

La reina le ha escrito a la señorita Le Gras, y a mí también, para que enviemos otras Hermanas a Calais, a fin de asistir a esas pobres gentes; así lo haremos. Hoy saldrán cuatro para allá. Una de ellas, de unos cincuenta años, vino a verme el viernes pasado al hospital, donde yo estaba, para decirme que había sabido que habían muerto dos Hermanas en Calais y que venía a ofrecerse para ser enviada en su lugar, si me parecía bien. Fijaos, hermanos míos, qué gran celo demuestran esas pobres Hermanas al ofrecerse de ese modo”.

“Nuestros misioneros de Berbería y los que están en Madagascar, ¿qué no han emprendido? Un hombre solo se atreve con una galera donde hay a veces doscientos forzados: instrucción, confesiones generales a los sanos, a los enfermos, día y noche, durante quince días; y al final los reúne, va personalmente a comprar para ellos cante de vaca: es un banquete para ellos; ¡un hombre solo hace todo esto! Otras veces se va a las fincas donde hay esclavos, y busca a los dueños para rogarles que le permitan trabajar en la instrucción de sus pobres esclavos…

“Bien, pidámosle a Dios que dé a la compañía ese espíritu, ese corazón, ese corazón que nos hace ir a cualquier parte, ese corazón del Hijo de Dios, el corazón de nuestro Señor, que nos dispone a ir como él iría y como él habría ido si hubiera creído conveniente su sabiduría eterna marchar a predicar la conversión a las naciones pobres. Para eso envió él a sus apóstoles; y nos envía a nosotros como a ellos, para llevar a todas partes su fuego.

Podría suceder que después de mi muerte, apareciesen algunos espíritus de contradicción y comodones. Pero, Dios y Señor mío, ¿no enviaste tú a santo Tomás a las Indias y a los demás apóstoles por toda la tierra? ¿No quisiste que se encargaran del cuidado y dirección de todos los pueblos en general y de muchas personas y familias en particular? No importa; nuestra vocación es: “Evangelizar a los pobres”.

SIGUIENDO con Federico
La preocupación de Ozanam por esta virtud se manifiesta en múltiples textos y, sobre todo, actividades. Seleccionamos algunos textos.

“Pero ha llegado el momento de que os ocupéis más de esos otros pobres que no mendigan, que normalmente viven de su trabajo y a los que nunca se les asegurará su derecho al trabajo ni el derecho a la asistencia, que están necesitados de socorro, de consejo y de consuelo. Ha llegado el momento de ir a buscar a aquellos que no os llaman…”.

“Representantes del pueblo: ¿Por qué no se os ve donde está el peligro del momento actual? ¿Por qué no arrancaríais vuestras mañanas a los solicitantes que os disputan para visitar también esos barrios desheredados, para subir esas escaleras oscuras, penetrar en esas habitaciones desnudas, ver con vuestros propios ojos lo que sufren vuestros hermanos, enteraros de sus necesidades, dejar a esa pobre gente el recuerdo de una visita que honra y consuela su desgracia…”.

“No debemos ser ni una oficina de beneficencia ni tampoco una cofradía. Por encima de todo, hay que guardarse de los partidos extremos, no perder jamás la paciencia, la longanimidad, la buena voluntad en las interpretaciones, la perseverancia en conciliar las opiniones divergentes, huir de todo lo que puede entristecer los corazones y amargar las voluntades”.

“Cuando nosotros, los católicos, tratamos de llamar la atención de estos errantes hermanos hacia las maravillas del cristianismo, se nos dijo: “Sí, tenéis derecho de hablar el pasado…Y tenían razón; el reproche era bien merecido. Entonces fue cuando nos dijimos los unos a los otros: ¡vayamos a primera línea! Que nuestros actos estén en consonancia con nuestra fe”.

TERMINANDO en Nosotros
¿Cómo estamos actuando los Vicencianos para combatir las pobrezas? ¿Estamos saliendo a las periferias como nos pide Federico y el papa Francisco para encontrarnos con los necesitados?
¿Estamos en los lugares “de conflicto”, allí donde se necesita de nuestra palabra y de nuestro esfuerzo para solucionar los problemas?
Cómo vivimos personalmente y comunitariamente, la doble, pero indisoluble realidad de crecer en la fe y crecer en la caridad?
De las que llamamos “virtudes vicencianas” (humildad, sencillez, mortificación, mansedumbre y celo) ¿de cuáles estamos más necesitados?
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