Espiritualidad


 

 
De Vicente a Federico pasando…por la HUMILDAD
Padre Mitxel Olabuénaga C.M.
Asesor Religioso Nacional
 
EMPEZANDO con Vicente

Escribe a los misioneros: “En todas las obras que hagamos, y sobre todo en la predicación y demás ministerios de la Congregación, no debe movernos más que la pura intención de agradar a Dios, intención que cuidaremos de renovar de vez en cuando, sobre todo al comenzar las acciones importantes. Vigilaremos mucho para no ser motivados por el mínimo deseo de agradar a los hombres o de buscar nuestra propia satisfacción, pues esto puede envenenar y estropear hasta la obra más santa” (c XI, 2, de las RR.CC.).

Conocía su propia debilidad en este particular. Sabemos que tenía el hábito de despreciarse a sí mismo en un ejercicio de humildad. Pero fue su conducta de niño la que más impresión causa en lo tocante a comprender la humildad vicenciana. Comte hace notar que San Vicente sentía vergüenza de su padre campesino: “Cuando yo era pequeño y mi padre me llevaba al pueblo con él, sentía vergüenza en acompañarle y saber que la gente conocía que era mi padre; porque iba pobremente vestido y además era cojo…”. (Vida y Trabajos de San Vicente de Paúl I, p. 14). “Recuerdo que en una ocasión en el Colegio donde estudiaba, alguien vino a decirme que mi padre, que era un pobre campesino, me estaba buscando. No quise ir a hablar con él y por lo tanto cometí un gran pecado”. Tales recuerdos no se olvidan fácilmente especialmente por un cristiano comprometido y dedicado al cuidado de los pobres y de la gente del campo. Puede que Vicente recordase estos incidentes de su juventud cuando hizo la siguiente observación, bien conocida, sobre los pobres.

San Vicente se inspiró en Jesús, en San Pablo, y en Santos importantes de su tiempo, como San Francisco de Sales, para actualizar su fe. Por ello, la humildad es el fundamento del amor efectivo en conformidad con la enseñanza bíblica: “¡Oh, hombre!”, bien te ha sido declarado lo que es bueno y lo que de ti pide Yahvé: hacer justicia, amar el bien y caminar humildemente en la presencia de Dios (Mi 6,8).

Estamos acostumbrados a esta sabiduría bíblica y religiosa, pero podemos encontrar también hoy expresiones en el mundo actual: “Humildad puede que sea uno de los atributos más olvidados en liderazgo, pero puede ser también uno de los atributos más importantes que puede poseer un líder” (JOHN BALDÓN, Darwin Magazine).

Estos sentimientos del mundo actual reflejan aquellas de San Vicente: “Todos nos aplicaremos con diligencia a aprender esta lección de Jesucristo: aprended de mí que soy manso y humilde de corazón. Pensemos también que con la humildad se consigue el cielo, al que suele elevarnos el amor de la propia abyección, guiándonos de virtud en virtud como por etapas hasta alcanzarlo” (RC II: 6).

Buscando la santidad en conformidad con los valores evangélicos, Vicente descubrió el significado de su vocación sacerdotal y la importancia de adquirir las virtudes necesarias para seguir a Jesús, Evangelizador de los Pobres, “manso y humilde de corazón”. Mientras intentaba despreciarse a sí mismo como medio para obtener la humildad y animar a otros a que hiciesen lo mismo, él, sin embargo, se mostraba generoso en congratular a los cohermanos, a las Hijas de la Caridad y a otra gente por el bien que hacían, como evidencia del trabajo del Espíritu Santo en sus vidas.

SIGUIENDO con Federico

Afirma Kathleen O’Meara “El servicio de los pobres ocupó una posición tan prominente en la vida de Ozanam que resulta de interés saber cómo lo llevaba a cabo. Fue, en esencia, un servicio de amor. Sus modales con los pobres eran considerados y deferentes, como haría con un igual. Invariablemente se quitaba el sombrero al entrar en sus humildes moradas, saludándoles con su cortés fórmula: «Soy su siervo». (“Federico Ozanam, profesor en la Sorbona. Su vida y obra”). Y, también, “fue una profunda reverencia hacia las almas lo que le enseñó a respetar la misteriosa relación entre Dios y sus criaturas, una tierna humildad que le prohibía juzgar a los demás o apagar la mecha humeante.”

De hecho, el mismo Federico escribe en diversas circunstancias, sobre esta virtud:

Siguiendo los consejos de nuestro reglamento, nos hemos hecho pequeños y humildes [...]. Espero que [...] tendremos éxito, no por el secreto, sino por la humildad; no por el número, sino por el amor; no por las protecciones, sino por la gracia de Dios “ (21/10/1836, tras la creación de la Conferencia de San Vicente de Paúl en Lyon”),

La humildad es tan obligatoria para las asociaciones como para los individuos, y apoyarlo con el ejemplo de San Vicente de Paúl, quien reprendió severamente a un sacerdote de la Misión por haber llamado a la Compañía: nuestra santa Compañía. Servi inutiles sumus, tal es el testimonio que deben dar los que se unen para servir a Dios y a los hombres [...]. No hacerse ver, pero dejarse ver: tal podría ser nuestra fórmula y es más o menos la que se encuentra entre las máximas de un gran apóstol de la caridad, san Francisco de Sales” (5/10/1837).

“El señor Adolphe Baudon es para nosotros un cohermano muy querido, y el hábito de humildad que profesa la Sociedad de San Vicente de Paúl nos es muy querido como para que queramos alabarle por otros motivos que no sea su servicio
” (25/11/1847 en una Circular a los presidentes de los Consejos y Conferencias de la SSVP).

Me vienen lágrimas a los ojos cuando vuelvo a encontrar a esas distancias a nuestra pequeña familia, siempre pequeña por la humildad de sus obras, pero grande por la bendición de Dios” (4/2/1853 tras visitar las conferencias de Livorno, Pisa y Florencia).

Seamos humildes: todos los días descubro que solo por la humildad […] nuestras conferencias terminan venciendo las prevenciones y las dificultades” (10/ de julio de 1853 en una Carta al Consejo General de la SSdP).

TERMINANDO en Nosotros

La humildad ¿valor o virtud?

¿Manifestamos en nuestras vidas lo que nos dicen Vicente y Federico?

¿Son nuestras obras manifestación de humildad?

¿Vivimos con un talante humilde?






Sociedad de San Vicente de Paúl
Consejo Superior de España
C/ San Pedro, 3 - 28014 Madrid
Telf.: 91 369 79 90
ssvp@ssvp.es




Formato .pdf